Una entrevista supersónica fue la de Jorge Ramos con Barak Obama el domingo 1 de junio, quizás por el tiempo que otorgó el candidato y también por lo conciso de sus respuestas.
Obama claramente maneja con maestría las técnicas de la entrevista, pero sobre todo una: se detiene y no habla de más. Cierra el circulo: transmite su mensaje, lo prueba, concluye y para. Esto es sin duda una virtud del candidato demócrata, porque le asegura no solo no hablar en exceso sino tener perfectamente estructuradas sus ideas, comenzando por una declaración firme con su mensaje, probando este último con evidencia (si el tiempo lo permite o si el periodista, como en varias ocasiones Jorge, interrumpe con una pregunta incisiva adicional que requiere prueba) y cerrando con una conclusión. Punto. No más.
Otra cosa que llamó poderosamente mi atención fue la cautela de Obama y su clara visión de que es un candidato que no quiere comprometerse antes de tiempo, sobre todo cuando se avecinan tiempos difíciles en la economía y que habrán de impactar la política migratoria. Aun no sabe con certeza qué es lo que hará. Ha prometido una revisión del problema y a diferencia de Hillary no se compromete en días sino en meses. Esto lo posiciona como un candidato excepcional, racional en su discurso y hasta ahora sumamente eficaz en la administración de su campaña política. En el caso de Jorge queda claro que su tema cumbre es la migración. Pocos periodistas en los medios estadounidenses dominan la materia como él. Además, su técnica de entrevista es impecable: va "Al Punto" con preguntas cortas, aunque a veces tenga la tendencia de inducir o dirigir las respuestas de sus entrevistados. AR.
domingo, 1 de junio de 2008
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