Lea usted con cuidado el discurso de Barack Obama y observará lo que podría marcar el inicio de la desaparición de las minorías y sus prerogativas especiales, como Afirmative Action, en Estados Unidos. El solo hecho de la llegada de un afroamericano a la Casa Blanca marcaría el principio del fin de la lucha de los derechos civiles de esa minoría. De ahí que muchos afroamericanos, incluidos algunos del propio partido Demócrata, como Jesse Jackson, ven con preocupación esa tendencia y en el caso particular de Jackson no es descabellado pensar un intento de boicot a la campaña de Obama.
"Latinos -dice Obama en su documento de campaña ´Latino Blueprint for Chance´- have contributed greatly to the social, economic, and cultural fabric of America. From the Hispanic community’s deep-rooted history of service in the U.S. military to the battles of leaders like César Chávez for workers’ rights, Hispanic Americans have helped make this nation a great one. But their greatest contribution is the Latino community’s belief in the future and its belief in this country. It is a belief that inspires all Americans to remember what this country is about — people putting in the hard work required to make sure that the next generation is able to achieve its dreams.
But despite all the progress we have made, we know that there is more work to do. If there’s a child stuck in a crumbling school who graduates without ever learning how to read, it doesn’t matter if that child is a Hispanic from Miami or an African American from Chicago or a white girl from rural Kentucky – she is our child, and her struggle is our struggle."
Ya es un sello en el discurso del aspirante Demócrata a la presidencia el iniciar su mensaje hablando de los latinos y terminar hablando de todos los estadounideneses en general; esto es, hablar de una sociedad sin distinción de razas. Él mismo es un testimonio viviente de esa integración, hijo de padre africano y madre estadounidense. Es ahí a donde queremos llegar, a una sociedad que nos juzgue por nuestro talento y capacidad y no por el color de nuestra piel o nuestros antecedentes nacionales. Pero no es allí a donde necesariamente quieren llegar las minorias, en particular algunos de los líderes de las minorías, que verían desvanecer su función ante la igualdad de oportunidades. Por ahora, un político nacido en Estados Unidos pero de padre keniano, podría convertirse en el presidente de la nación más poderosa del mundo. Bill Richardson, un candidato extraordinario, dejó una honda huella en la cotienda por la candidatura demócrata pero le faltó el carisma, la elocuencia, la fuerza discursiva y la historia de Obama.
miércoles, 6 de agosto de 2008
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