El debate se centra en no permitir que el contrario convenza a la opinión pública; sufre el bipartidismo y desaparece la función del Congreso como tal.
El Partido Republicano, sumido en una profunda crisis, ha definido una estrategia de negación, buscando bloquear a toda costa la iniciativa del primer mandatario. Sin embargo, los demócratas han fracasado en convencer a la mayoría de los estadounidenses que un programa de seguro manejado por el gobierno es la mejor opción. De ahí que el presidente vaya tener a tener que hacer concesiones. Ya veremos qué pasa este miércoles.
Hay más de 50 millones de norteamericanos sin seguro médico y muchos de los que lo tienen no les resuelve sus problemas de salud ante enfermedades crónicas, cuyo tratamiento es muy costoso. Aun así, los republicanos niegan cualquier opción del gobierno, a pesar que una quinta parte de la población corra el riesgo de morir de enfermedades crónicas curables o controlables.
Si nos dejáramos guiar por lo que dicen los representantes populares no llegamos a ninguna parte, pues unos defienden su propuesta sin reconocer sus limitaciones mientras que los otros la atacan sin reconocer sus virtudes. De ahí que mejor sería que tanto demócratas como republicanos evitaran participar en debates públicos en radio y televisión pues poco o nada aportan. Se encierran en sus mensajes sin aportar evidencia y tampoco buscan un consenso. Después de escucharlos uno se queda exactamente igual. Suma cero.