martes, 27 de abril de 2010
Mexico ante un Tsunami de Malas Noticias
Por más imaginación que le echen mis colegas para difundir las buenas noticias de la administración del presidente Calderón, los asesinatos múltiples de pecadores e inocentes a manos del narcotráfico o por errores de las fuerzas armadas desplazan cualquier avance del gobierno. Ya sea que mires los noticieros nacionales de Estados Unidos, en español o en inglés, o los mexicanos, los temas dominantes siempre son el narco, el crimen organizado, la trágica suerte de los inmigrantes, la pobreza extrema y sus manifestaciones, la corrupción rampante, la debilidad del estado de derecho y ahí, en un lugar muy apartado e intermitente, los aciertos del régimen. Mientras no se modifiquen ciertas condiciones, como el elevado consumo de estupefacientes en el lado norteamericano, la venta de armas de asalto y de alto poder al mejor postor, la inequitativa política económica, entre otras, la situación no va a cambiar y la imagen de México continuará siendo deteriorada, interna y externamente.
Las opciones de manejo de imagen están en el terreno de las relaciones comunitarias y los medios sociales. AA
lunes, 15 de febrero de 2010
El Caso Toyota
El caso Toyota se explica de una manera muy sencilla: una corporación que se olvidó que la prioridad son los consumidores y no la obsesión por ganar participación en el mercado. Una vez establecida esa prioridad el resto se volvió secundario, incluyendo la voluntad de escuchar lo que sus clientes y otros interlocutores tenían que decir. Entonces, se ocultó la verdad, se le dio la espalda a las advertencias que debieron provenir de sus propios empleados en la línea de producción y, al final, la realidad de los desperfectos se reveló en accidentes automotrices que cobraron la vida de una familia y pusieron en peligro la de muchas otras personas. Ahora el desafío está en recuperar el prestigio de una marca que se distinguió por la calidad de sus vehículos por décadas. La política del silencio y de ocultar la verdad es muy cercana a la decisión de mentir, el pecado mayor en las relaciones públicas. Ahora los consumidores leales a la marca tendrán razones para desconfiar si lo que ahora se afirma como cierto es realmente verdad. Y aquellos que consideraban comprar un Toyota o un Lexus muy probablemente tomarán en cuenta otras opciones. El daño está hecho y fue controlado de manera mediocre, cuando que se debió atajar el problema abiertamente desde los primeros síntomas, con una comunicación directa y franca con los medios y los consumidores. Las labores de rehabilitación ya están en marcha. Iniciaron con una campaña publicitaria y de relaciones públicas cuyos mensajes centrales son el reconocimiento de los errores cometidos y el compromiso de volver a los estándares de excelencia que primaron por décadas. Los anuncios en los medios ya regresan con intensidad. Faltará ver si hacen lo mismo los consumidores.